
—«Mira esa fachada. Mira esa tienda vacía».
Las primeras líneas de esta historia nos invitan a un fascinante viaje en el tiempo. Máximo Huerta regresa a Buñol para cuidar a su madre y los recuerdos se amontonan: las primeras lecturas, los vecinos, los días de lluvia, las tardes de rotuladores, chocolate y el abrigo de las primeras lecturas. «Sin leer estaría muerto», reconoce el autor.
Mi pequeña librería es un canto a la vida de los grandes personajes, de las buenas historias, aquellas que nos descubrieron territorios infinitos, esas que, como este libro, se quedarán para siempre en nuestro corazón.
Valoración: ⭐⭐⭐ (3/5)


