
Las pastillas para dormir empiezan a agotarse. La gente se queda en sus casas enganchada a cualquier droga que le haga dormir. No comen ni beben y, poco a poco, las calles se vacían. Mientras tanto, los pacientes de una residencia psiquiátrica a las afueras de París, sin médicos ni enfermeros que cuiden de ellos, se verán obligados a abandonar la seguridad de su encierro para buscar las respuestas que den sentido a un mundo que se apaga.
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